El desacuerdo civilizado

Por Andrés Dauhajre hijo

 

El 24 de abril de 2024 deberá ser registrado en la historia de la democracia dominicana como una de las fechas significativas de su fortalecimiento y consolidación. La celebración del primer debate entre candidatos a la presidencia de la República con la participación de un presidente que aspira a un segundo mandato, tiene la vocación de convertirse en una plataforma para el lanzamiento de una serie de reformas institucionales que permitan a la democracia dominicana sobresalir en términos de solidez, transparencia y efectividad entre todas las que prevalecen en la región.

 

Lo menos relevante del debate es la determinación del ganador. En países como el nuestro, el ganador siempre resulta ser el candidato de preferencia de cada uno de nosotros. La objetividad nos debe llevar, sin embargo, a reconocer que los tres candidatos tuvieron un buen desempeño. El presidente Luis Abinader defendió con firmeza y claridad la labor de su gobierno apoyándose en datos y estadísticas, mientras explicaba las barreras que, durante el período 2020-2024, impusieron la pandemia del Covid-19, el conflicto Ucrania-Rusia y la inflación importada. El expresidente Leonel Fernández, el más erudito y experimentado de los tres candidatos, combinó sus propuestas de gobierno con una serie de críticas a la presente administración, incluyendo el cálculo incorrecto de algunas variables económicas, a la cual responsabilizó del fracaso en varias áreas señaladas por él. El candidato presidencial del PLD, Abel Martínez, a pesar de no haber utilizado datos en sus respuestas, dejó ver que puede comunicarse con la población en términos claros y sencillos, cargados de una emotividad y pasión que, sin lugar a dudas, tienden a elevar la receptividad y la credibilidad que la población le otorga a su mensaje. 

 

¿Quién ganó el debate? La respuesta está fuera de discusión: la República Dominicana. ¿Por qué decimos que la nación fue la gran ganadora del debate entre los tres candidatos a la presidencia del pasado 24 de abril? En primer lugar, no son pocos los que se sorprendieron cuando el presidente Abinader, violentando posiblemente las recomendaciones de sus asesores políticos, aceptó asistir al debate.  Es cierto que cuando un presidente toma ese tipo de decisión, podría estar incurriendo en un costo político innecesario, en caso de que el margen de ventaja que la acredita el promedio de las encuestas realizadas sea correcto, y peligroso, si el margen fuese relativamente estrecho. El hecho de Luis Abinader haya decidido incurrir en ese costo político potencial, revela que el presidente es un político valiente, dotado de lo que se necesita para poner en marcha, en una eventual segunda administración, una serie de reformas económicas, sociales e institucionales que podrían consumir durante los dos primeros años luego de su ejecución, una cuota importante de su capital político. El país está sediento de un presidente que, en los próximos cuatro años, esté dispuesto a engavetar el costo político y pasar a la historia como un presidente reformador que siente las bases para la continuación del progreso económico, social e institucional de la nación durante las próximas tres décadas.

 

En segundo lugar, la decisión de Abinader de levantarse de la silla presidencial y dirigirse, en igualdad de condiciones, a uno de los tres podios disponibles para los candidatos a la presidencia por los tres partidos principales del sistema, cierra la posibilidad a la evasión de debatir para los futuros presidentes que aspiren a un segundo mandato. Todo apunta pues a que la institución del debate entre los candidatos presidenciales llegó para quedarse. 

 

En tercer lugar, la demostración de decencia, respeto y camaradería que exhibieron los tres candidatos mientras exponían sus propuestas y criticaban los resultados de las ejecutorias de los partidos que representaban cuando les correspondió dirigir el Poder Ejecutivo, reveló que los tres esquivaron el estilo estridente, grosero, hiriente, insultante y extremista que hoy predomina en las redes sociales. En otras palabras, Luis Abinader, Leonel Fernández y Abel Martínez demostraron que es posible debatir y exhibir desacuerdos civilizados, sin necesidad de caer en el lodazal de insultos y descalificaciones que genera “likes” y llama la atención en las redes sociales. La foto que acompaña a este artículo debería formar parte de la presentación que periódicamente realiza el Gobierno dominicano cuando incursiona en el mercado global de capitales, pues dejaría grabada en el imaginario de los compradores de bonos la idea de que República Dominicana es uno de los pocos países de la región que hoy día combina una economía vibrante con una democracia estable, consolidada y civilizada.

 

En cuarto lugar, la realización del debate entre candidatos introduce una alternativa de promoción política capaz de alcanzar a la mayor cantidad posible de votantes que desean ejercer su derecho al voto disponiendo de la mayor cantidad posible de información sobre las ofertas de los candidatos. Esta alternativa tiene la ventaja adicional de que, para los candidatos y los partidos políticos, el costo prácticamente converge a cero, arrojando la relación beneficio-costo más elevada entre todas las alternativas disponibles de promoción electoral. En un país donde difícilmente se puede alcanzar la presidencia de la República sin contar con un presupuesto mínimo de US$50 millones, siete veces lo que cuesta en Chile, la institucionalización del debate entre candidatos debería formar parte de las opciones de promoción electoral a ser incorporadas en una reforma electoral que tenga como objetivo fundamental reducir el exorbitante costo de ser elegido en República Dominicana. Esta reforma, que debería incluir la obligatoriedad del voto y prohibir varias de las opciones de promoción electoral que elevan el costo de ser elegido (anuncios en TV, radio, prensa, colocación de vallas en todo el territorio nacional, caravanas, entre otras), le asignaría a cada uno de los partidos o alianzas políticas 30 minutos gratis, de lunes a viernes, en el canal oficial (RTVD) dentro de la franja de promoción política de 3 meses, comenzando el 15 de febrero y concluyendo el 14 de mayo. Los candidatos dispondrían de suficiente tiempo para exponer sus ideas y programas y de esa manera atraerse el voto de los electores. De más está decir que los candidatos que se esfuercen más y preparen las mejores propuestas, serían los principales beneficiarios de esta reforma. El voto sería atraído por el mérito y la solidez de las propuestas, no por el sándwich y la cerveza que se ofertan por la asistencia a las caravanas.

 

En el marco de esta reforma para reducir el costo de ser elegido es posible que se requiera una modificación de la arquitectura para el debate exhibida el pasado 24 de abril. En primer lugar, en lugar de un solo debate, convendría celebrar tres, uno para abordar la economía, las trabas existentes en determinados sectores económicos y las principales reformas requeridas para garantizar la continuación del crecimiento con estabilidad y mejor equidad distributiva; otro para analizar las propuestas en el ámbito social, específicamente, la provisión de los servicios de calidad en el área  de la salud, la educación, el transporte público de pasajeros, los subsidios focalizados a los que no pueden valerse por sus propios medios y el acceso a la propiedad de terrenos y viviendas; y un tercero, sobre el estado de la institucionalidad y las propuestas de cada uno de los candidatos para fortalecerla. Al dividirlo en tres debates, los candidatos tendrían más tiempo para exponer sus ideas y propuestas. El formato de 90 segundos como tiempo máximo para responder preguntas no permite al candidato explicar qué lo ha llevado a concluir que la propuesta que presenta a los votantes constituye la mejor alternativa para enfrentar el problema. Con la muralla de los 90 segundos, los candidatos no disponen de más opciones que la de hacer uso de la artillería de frases cohetes sin sentido capaz de penetrar únicamente los cerebros de organismos unicelulares.

 

Concluyo con una merecida felicitación a ANJE. La entidad empresarial que abriga al empresariado joven del país nos ha demostrado a todos el valor de la perseverancia. Durante años, ANJE ha venido convocando, organizando y realizando con las limitaciones que hasta el pasado miércoles 24 de abril de 2024 le impuso la clase política, debates electorales para fomentar el voto consciente y de calidad de los dominicanos. Cuando se escriba la historia de la democracia dominicana y los hitos que constituyeron puntos de inflexión hacia su consolidación y fortalecimiento, vayan reservándole a ANJE el espacio que, contra viento y marea, se ha ganado.

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