Ante el choque del petróleo…
Por Andrés Dauhajre hijo
Fundación Economía y Desarrollo, Inc.
El gobierno del presidente Abinader debería ponderar las opciones de políticas para enfrentar este tipo de perturbaciones y seleccionar aquellas que equilibren el beneficio de la estabilidad y sostenibilidad macroeconómica y la distribución de la carga del ajuste entre las presentes y las futuras generaciones. La imposibilidad de determinar la duración de este choque, amerita que todas las opciones sean puestas sobre la mesa y que las decisiones migren desde la geografía del populismo al terreno del sentido común. Con el objetivo de contribuir al proceso de evaluación que, seguramente, realizará el presidente Abinader con su equipo económico, contaré la historia de un episodio similar que vivimos hace 15 años y que quizás podría enriquecer la discusión sobre el camino a seguir.
No es la primera que vez que enfrentamos un alza inesperada y considerable de los precios del petróleo y sus derivados. Es cierto que, en los últimos 32 años, el mayor precio promedio anual del barril de petróleo y derivados que hemos pagado fue US$88.10 en 2011. De ahí que la advertencia hecha el pasado 6 de marzo por el ministro de Energía de Catar, Saad Sherida al-Kaabi, de que el precio del barril de petróleo podría llegar a US$150, seguida por la realizada el 12 de marzo del economista francés Olivier Blanchard de que podría alcanzar US$200, debería llevar a nuestro gobierno a preparar las opciones de políticas a adoptar para varios escenarios.
Los precios del petróleo subieron por encima de los US$100 el barril en 2011, como consecuencia de la inestabilidad y la incertidumbre política desencadenadas por la Primavera Árabe, la cual impactó negativamente sobre la producción de petróleo en Medio Oriente y en el Norte de África, situación que se agravó con las sanciones impuestas a Irán y la creciente demanda proveniente de las economías emergentes. ¿Cómo reaccionó el gobierno dominicano en 2011 frente al choque de los precios del petróleo? El precio promedio del barril de petróleo importado por República Dominicana en 2011 aumentó en 33% en relación al precio promedio de 2010. El Gobierno, actuando con responsabilidad, fue ajustando gradualmente los precios de los combustibles. Durante la última semana de 2010, el galón de gasolina Premium se vendía a RD$170.80, mientras que el de la gasolina regular se vendía a RD$160.50. El galón de gasoil regular, por su parte, tenía un precio de RD$143.70. ¿A qué precios se vendían durante la última semana de 2011? A RD$219.30, RD$204.10 y RD$191.20, respectivamente, reflejando aumentos de 28%, 27% y 33%, respectivamente. El precio de venta de la electricidad, medido en centavos de dólar por kWh, aumentó en 9.4% en 2011 en relación al promedio de 2010.
Esos ajustes permitieron que el volumen importado de petróleo y derivados aumentase solo en 1.8% en 2011. Fomentar el consumo dispendioso de un combustible que no producimos era una herejía. La economía dominicana, que había crecido en 8.4% en 2010, redujo su crecimiento a 3.2% en 2011. La inflación aumentó en 1.6 puntos porcentuales (de 6.2% a 7.8%) en 2011, a pesar de que los precios de los combustibles subieron, en promedio, un 30%. De finales de 2010 a finales de 2011, el peso dominicano se devaluó en 3.2%. El déficit de la cuenta corriente en 2011 se mantuvo en 7.5% del PIB, similar al de 2010, a pesar de que las importaciones de petróleo y derivados alcanzaron 8.1% del PIB, por encima del 6.4% de 2010. Con flujos de inversión extranjera directa de 3.9% del PIB, inversión de cartera de 1.3% del PIB y un endeudamiento público externo neto de mediano y largo plazo de 2.5% del PIB, el país dispuso de recursos para cubrir el déficit de la cuenta corriente y aumentar en US$295 millones las reservas internacionales netas del Banco Central. El Gobierno cumplió con la regla semanal de ajuste de los precios de los combustibles y otorgó únicamente los subsidios focalizados establecidos en los programas Bonogás y Bonoluz, hasta el punto de que, tanto en 2010 como en 2011, ambos programas, de manera consolidada, consumieron 0.15% del PIB.
Reconocemos que el choque del alza en el precio del petróleo en 2026 podría ser mayor que el representado por el alza de 33% en el precio del barril en 2011, si los pronósticos de al-Kaabi o Blanchard se materializan. Estamos conscientes también que, a diferencia de 2011, el actual gobierno mantiene la política de subsidios generalizados y focalizados en el área de los combustibles más generosa de la historia de la nación dominicana. Eso explica el porqué, mientras en 2001-2011 los ingresos por impuestos sobre los combustibles netos de los subsidios generalizados y focalizados en el consumo de combustibles promediaron 1.87% del PIB, por encima del 1.47% del PIB que representaron los intereses sobre la deuda del sector público no financiero en ese período, en el 2020-2025 apenas promediaron 0.82% del PIB, muy por debajo del 3.19% del PIB que alcanzaron los intereses sobre la deuda del sector público no financiero de ese período. No le demos muchas vueltas. Nos hemos excedido como nunca antes en la historia de la nación concediendo subsidios como si fuésemos un país que nada en petróleo o como si pudiésemos, con una recaudación impositiva de 14.2% del PIB, financiar un “welfare state” (Estado de Bienestar) como el de las democracias europeas que recaudan 40.4% del PIB.
Este choque provocado por la guerra de Israel, EE. UU. e Irán debería inducir el retorno de nuestras políticas públicas a la racionalidad y la sensatez. ¿A quién se le puede ocurrir que es sana una política de congelamiento permanente de los precios de los combustibles, en un país importador de petróleo, que ha provocado una pérdida de ingresos fiscales ascendente a RD$88,612 millones en el período 2020-2025, de los cuales RD$42,800 millones fueron a parar a los bolsillos del 20% más rico de la población? ¿Si los generadores de electricidad facturan en dólares a las EDE, no debería la factura en pesos que reciben los consumidores de las EDE incluir el efecto de la devaluación? Al no ajustarse por la devaluación del peso, ingresamos a territorio kafkiano: la tarifa de electricidad facturada a los consumidores, medida en centavos de dólar por kWh, ha bajado un 15.6% entre julio de 2022 y diciembre de 2025. Engavetemos el miedo, otorguemos un sabático al costo político y comuniquémosle con claridad a la población que los tiempos de regalar lo que no se tiene han terminado. Sería irresponsable dejarle el muerto del ajuste al próximo gobierno y la carga del mayor endeudamiento a las futuras generaciones.
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